EMPRESAS DE ÉXITO, EMPRESAS CON ALMA

Por Bárbara González

SIN ALMA ES POSIBLE EL BENEFICIO, PERO JAMÁS EL ÉXITO EMPRESARIAL

El mundo de la empresa está cambiando. Sí, lo sé, sé que automáticamente estáis pensando en la globalización, en la era digital, en el comercio mundial y en cómo todo ello está transformando el alma de las empresas. Pero no, no me refiero a esa interconexión que, obviamente, también está rediseñando las estrategias empresariales. Y no, no he usado la palabra alma por casualidad. Afortunadamente para el desarrollo personal de los seres humanos, las nuevas generaciones de emprendedores ya están implantando un concepto esencial: el espíritu como motor de los negocios.

A nadie se le escapa que el cortoplacismo ha gobernado todas las mesas de negociación de los consejos de administración hasta ahora. Es lo que vulgarmente decimos “Lo que va delante, va delante”. Palabras como, objetivos, ratios de venta, productividad, son los tentáculos de ese cortoplacismo que han asfixiado a los mortales (que no a los poderosos) de las compañías.Los resultados no pueden ir por encima de las personas.

El alma de la empresa, si la tuvo, comienza a morir el mismo día en que su objetivo principal se convierte en ganar dinero.”
(Richard Barret)

Suscribo la reflexión del británico Barret pero, por fortuna, ya es palpable que cada vez se está abriendo más la puerta al alma para que recupere su protagonismo en la gestión empresarial. Ni la mayor crisis comercial o la peor caída bursátil merma más la dinámica de una empresa que la insatisfacción de sus colaboradores. Sí, nuevamente elijo el término deliberadamente. Los clásicos empleados están dando paso a un nuevo colectivo cuya interrelación se basa en el buen ambiente de trabajo, la solidaridad, el compromiso y la mayor adaptación posible de lo laboral a lo personal.

En este listado de características sobre las nuevas relaciones entre los colaboradores de una empresa falta un concepto vital, superlativo: la motivación. Y de ahí, al cielo, entendido como la consecución de los objetivos. Puedo constatar que, en esta apuesta por rescatar ese espíritu humano, son las compañías dirigidas por jóvenes emprendedoras y emprendedores las que más están poniendo el alma en el centro del negocio. Sentirse realizado con el desarrollo laboral es imposible si trabajamos en condiciones inhumanas, de ahí que el foco ilumine ahora la esencia que hay dentro del trabajador. Y ese SER requiere motivación para brillar, y que así brille todo el equipo. Necesitamos reconocimiento, no sólo una nómina a fin de mes.

“Una empresa consciente mide su éxito por el nivel de bienestar que proporciona a las personas a la que su vida afecta.”
(Jim Collins)

No podía finalizar mi artículo sin hablar de ética pero para que las empresas la incluyan definitivamente en sus estrategias, deben ser capaces de mirar más allá del corto plazo. Deben generar confianza y plantear un proyecto a medio/largo plazo en el que los valores humanos sean protagonistas, creando así un grupo motivado y comprometido. Con esas herramientas, sin duda, el alma de ese equipo liderará ese proyecto y alcanzará el éxito global.

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